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Crónicas del Maratón de la Ciudad de México – Quiero inspirar a mi comunidad

Maratón de la Ciudad de México 2013

Quiero inspirar a mi comunidad

Por Jackie Benitez

A una semana de haber terminado mi primer maratón todos las emociones y lo que le llaman el efecto maratón esta ocurriendo.

Tener 21 años y decidir correr un maratón puede parecer fácil pero la verdad es que debo entrenar como cualquier otro runner, mi mente me juega bromas como cualquier otro, debo sacar la garra como cualquier otro y empujarme a dar más como cualquier otro. La mayoría de las personas se cuestionaron si podría terminarlo o me dijeron que mejor no lo hiciera pero ¡oh sorpresa! se encontraron con una Jackie fuerte, decidida y con ganas de demostrarme y demostrarle a todos que soy capaz de esto y más. Me di el placer de ser una motivación.

Empezó el año 2013 y con ello una ola de propósitos que curiosamente solo eran deportivos, no había profesionales y solo uno personal. Mejorar mi tiempo, correr medio maratón, correr un maratón y el más importante que me lo repetí mil veces “quiero inspirar a mi comunidad”.

Febrero fue un mes caótico, entre un corazón roto, ganas de nada y el encuentro de una persona que comprobó la teoría de que si tienes el valor para sacar toda la basura de tu vida empiezan mágicamente a llegar cosas nuevas, increíbles y que creías imposibles.

Marzo, invité a varias niñas a correr su primer carrera, una de 10k, un gran paso para alguien a quien le cuesta correr con alguien y que suele desesperarse de la gente que no da más que lo mejor.

Abril fue cuando conocí mi lugar favorito en el mundo hasta ahora, Oaxaca, que mejor lugar para poner las ideas en orden que con el mar, las estrellas y la arena. Las inscripciones para el maratón aún no abrían pero yo ya estaba inscrita a mi primer medio maratón y la verdad el estómago se me revolvía de solo pensar en que lo correría el 5 de mayo.

Mayo llegó el gran día, tenía enchinada la piel de los nervios por oir el disparo de salida, un día antes había llorado mucho de nervios y no podía dormir pero ahí estaba sin falta para cumplir uno de mis propósitos de año nuevo, 2 horas y media después tenía una medalla nueva, una que decía que había corrido 21k, me tarde 10 minutos en empezar a llorar, supongo que fue hasta que mi mente se dio cuenta que no importa cuanto dolor hubiera en el kilómetro 18, ni mi creencias de que el corazón se me iba a salir cuando acelere 500 metros antes de llegar a la meta, ni las miles de excusas que me puse en el camino para caminar en vez de correr, mi mente se dio cuenta de que le había ganado, la conquiste y ya no podía controlarme, como lo había hecho en los primeros 10k que corrí o en mis entrenamientos que con mucha desesperación y enojo terminaba.

El tiempo paso pero en realidad no me daba cuenta de que me estaba convirtiendo en una súper mujer. Días después de que corrí medio maratón abrieron las inscripciones para el gran reto el Maratón de la Ciudad de México y yo me hice mensa como si nada pudiera pasar, hasta que me obligue a ir por mi inscripción, la hice con muchos nervios y me entregaron mi ticket con el número 6073, la verdad siempre he sido de las que suman números y era muy feliz de que la suma de mis números fueran 7, el siete es pensamiento, espiritualidad, conciencia y sabiduría, entre otras cosas que yo sentía iba a necesitar el día de mi primer maratón.

Junio y julio fueron ultra divertidos porque me la pase en la playa, la dieta fue lo peor pero la seguí y la verdad dejé un poco mi amor a los pasteles, los chocolates, el pan y todo lo que un corredor no puede comer. En estos meses no dejaba de pensar en el maratón, el maratón absorbía mi mente pero no tanto como lo haría el siguiente mes.

Agosto inició y con ello la emoción de esperar 25 días para la gran fiesta de corredores, si el maratón ya me absorbía, ahora el maratón me sacaba lágrimas, no me dejaba concentrarme y me hacía creer en cosas en las que no es que dejará de creer pero no había tenido una prueba de fe que me comprobará la fuerza de creer en “algo mas grande”. Fui 25 días a la Basílica de Guadalupe ofrecí mi maratón a la Virgen de Guadalupe y le pedí viviera en los latidos de mi corazón, que el viento me empujará y la lluvia (si es que había) me refrescará, para poder continuar hasta ver la meta.

Tal vez es una tontería pero una ola de cosas buenas que aún no se acaban y que la verdad no le veo fin empezaron a ocurrir. No había día que no me imaginara cruzando la meta llena de lágrimas, no había día en que no pensará en el kilómetro 18 ya que ese kilómetro me quitó mi fuerza de voluntad en el medio maratón, no había día en que no pensará en la manera en la que correr un maratón me cambiaría.

25 de agosto de 2013, de la mano de Alejandro Piña llegué al Hemiciclo a Juárez, mis padres aún dormían, a ellos los encontraría en el kilómetro 30. Estaba parada en mi bloque de salida cuando inició una leve brisa, no se si han escuchado que cuando llueve significa renovación, dije ojalá no llueva mas fuerte pero dentro de mi sabía que los dioses me estaban mandando una muy buena señal, el disparo de salida mas fuerte que he oído en mi vida le anunció a mis piernas que empezaba mi primer maratón el cual además corrí por la Escuela de Entrenamiento para Perros Guía, lo cual la verdad me motivaba mucho más y me obligaba a tener un compromiso mayor con este gran reto.

Me pasaron todas las mujeres era de las últimas 5, no quería acelerar, iba feliz, a mi lado pasaron las gacelas, así les llamo yo a las mujeres/hombres que corren muy rápido, sonreí aún más, era libres, sus piernas eran hermosas, torneadas cada músculo gritaba dedicación.

Continué hasta que me encontré a una amiga con la que había estado en mi bloque de salida, la había alcanzado, estuvimos juntas hasta el kilómetro 20, creo, hubo cachos de brisa que me ponían feliz y me hacían disfrutar aún más esta experiencia por lo mismo de la renovación y esas cosas espirituales. Llegué al kilómetro 21, ahí me esperaba Alejandro Piña, mi inigualable compañero de vida, quien corrió conmigo hasta el kilómetro 32, me sentía invencible, los pequeños detalles comenzaron a convertirse en hermosos placeres, como una esponja llena de agua fría, la naranja mas verde que he comido en mi vida pero también la mas deliciosa del mundo, kilómetro 28 mis ojos se llenaron de agua no podía creer mi actitud positiva, continuaba repitiendo que faltaban pocos y que podía hacerlo.

Llegó el momento de volver a correr sola, dejé todo lo que me pesará excepto por mi bolsita de Sport Beans, mi ipod y mi celular. Ahí estaba la gran recta de Insurgentes, mis padres minutos antes me habían avisado que no estarían cuando diera la vuelta en Nuevo León hacia Insurgentes sino que estarían en ¡kilómetro 41!, pasaba mucha gente con mi Coca Cola en mano que había comprado en un Oxxo, veía gente muy mal, les daba de mi Coca, sonreían como si un ángel les hubiera caído del cielo. Pocos eran los que trotaban pero yo no había parado en 33 kilómetros y no tenía porque parar cuando me faltaba tan poco.

No pensaba en nada, era raro porque ni en clase de meditación había logrado dejar de pensar, entre en estado de meditación, corría y solo estaba enfocada en una cosa, la meta.

Mi estado de meditación se rompió en el momento en el que a lo lejos vi el kilómetro 41, mi familia estaba ahí, quería verlos, los necesitaba, del lado izquierdo con lágrimas en los ojos mi familia estaba corriendo a mi lado, me gritaban todo tipo de cosas pero lo único que recuerdo es diciéndome uno más Jackie, solo uno más. Ese último kilómetro me demostró que estoy hecha de mucho más que un cuerpo de 1.60 y 49kg, ya quería que acabará, entré al túnel que me llevaba al estadio, estaba muy oscuro apenas y veía, tengan en cuenta que mis sentidos estaban a poco de dejar de funcionar.

42.195 kilómetros después vi la meta, un estadio verde y gente a punto de estallar en lágrimas como yo, Alejandro Piña se levantó lo vi del lado izquierdo pasando la meta, la crucé, la crucé mirando al cielo en 5 horas 46 minutos, me dejé caer en los brazos de la persona que jamás se cuestiono si lo terminaría, solo le decía entre lágrimas y felicidad: “lo logré”, caminamos hasta que lo sacaron y yo seguí mi camino hacía mi medalla.

Mi medalla es una letra M, no se parece a ninguna otra de mis medallas, por primera vez en mi vida había dejado las excusas, había hablado con mi cuerpo para que aguantara correr 4 horas 30 minutos y me dejó correr 1 hora más de lo que ya habíamos hablado, me convertí en la única persona en la que puedo confiar, el corazón se me abrió y dejé la normal vida que llevo para convertirme en maratonista.

@jackiechanchan 🙂

Mi experiencia

Por F. Guillermo Santiago Vazquez

En muchas platicas de corredores, escuche que una persona no es la misma cuando inicia un maratón y cuando lo termina así como la sensación de llegar a la meta después de 42.195 km, es indescriptible, hoy 2 días después de haber concluido mi primer maratón me siento orgulloso, satisfecho,  feliz y sobre todo sorprendido de lo que tu mentalidad, las ganas pueden hacer  por tu vida.

Empecé la lucha con el sobrepeso que tenía al pesar casi 100 kilos, corría pero no había resultados positivos ya que me mantenía con el mismo peso y no había progreso, por lo que lo dejaba y volvía empezar desde cero y cada vez costaba más regresar, esto era que no veía que tendría que dejar los malos hábitos alimenticios así como el alcohol y tener disciplina que se requiere para bajar de peso y seguir un entrenamiento.

Hace 3 años llego un Angel a mi vida de nombre Ricardo el cual hizo que pusiera en una balanza mi vida, al saber que ejemplo para el como padre le tendría que dar, por lo que decidí empezar de nueva cuenta volver a correr en el año 2012 pero en esta ocasión con una dieta, por lo que me fije que el siguiente año correría un maratón 2013.

Durante 6 meses de entrenamiento, imagine varias formas de llegar a la meta, nunca imagine que para llegar ahí tendría que luchar  contra una lesión en mi rodilla izquierda desde el kilómetro 22, tuve dudas, miedo, tristeza, los pretextos iban hacer viables como mucho sol, piernas, lesión o agotamiento. Pero solo al pensar que mi hijo me iba a pedir su medalla de la carrera mi esposa esperando en la meta, fue más que suficiente para ir avanzando  cada kilómetro restante.

Desde el kilómetro 32, para mí iniciaba el maratón al mentalizarme a mi familia en abrazarla en la meta y al empezar a escuchar la voz de mi hijo en mi mente ¡Vamos papi, tu puedes! ¡Ya casi llegas! Esto me daba fuerza de trotar y soportar el dolor en la rodilla izquierda. Los mismos compañeros corredores y público reunido en las calles que al apoyarte con un aplauso, una manta, dulce o la frase ¡Tú puedes!,  dos palabras tan usadas y gastadas en los libros pero a la vez tan mágicas ¡Tú puedes!….. Ir contando los pocos metros faltantes para que por fin disfrutar una extraordinaria experiencia  de mi vida.

Al que hay que convencer es al corazón, conquistarse uno mismo para así poder inspirar el espíritu de las demás personas.

Este maratón está dedicado a mi motor de vida mi hijo Ricardo, mi esposa por apoyarme y entenderme de los entrenamientos y no estar con ella al despertar, a mis amigos corredores que entrenamos para las carreras, a mis padres y a Dios que nos deja empezar, acompañarnos y terminar una carrera.

Foto: RunMX

2 COMMENTARIOS

  1. Maratonista Jackie, como decir, C.P. o Lic. je, te lo has ganado

    Me tomé tiempo de leer tu increíble anécdota, que buena idea escribirla y bueno, no solo motiva, dan ganas de correr, estoy seguro que si lo vuelvo a leer otras veces me animaré. muchas Felicidades

  2. Hay mucho de que hablar, corri el maraton completo, no alcancé incripcion aun asi lo corri, me llévo la maravilla de la gente que apoyò, ver personas en muletas, en sillas de ruedas, con dizfráces, invidentes acompañados, no hay pretextos!.-Es conmoverdor el inicio, el trayecto y la meta, un amigo fue a recibirme y quedo impactado, decidido a correr el siguiente año, admitiendo haber llorado solo de ser espectador.-Es cuestion de activar el chip de la motivacion!

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